PC 4115 ¿t895mS ‘JXWwNvW .\v>V*y* í$s$Ss&3s LIBRARY OF CONGRESS. Chap.-Copyright No.__ Shelf._P._C_4- 1 \S —— ¡A 14- UNITED STATES OF AMERICA. * k ¥ * — * 4 * * k - • . - ' ■ . * * ' » . t » >v . / . ' i- -r . í v LIBRO ^Segundo de J^egtura por / SARAH LOUISE AENOLD Y CHARLES B. GILBERT. Traducido y adaptado al idioma castellano POR MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS. SIL VER, BURDETT AND COMPANY New York. BOSTON. Chicago. TWQ COPIES BECE1VED,, t Ibrary of Congr68% Office o f tfey JAN 31 1900 RegUter of Copyright^ 54109 Copyright , BY Silver, Burdett and Company. Propiedad Protegida, 1900 , POR SiLVER, BURDETT AND COMPANY. [The English edition of this volume — Stepping Stones to Literature, a Second Reader — was copyrighted in the United States of America in 1897, by the publishers, Silver, Burdett and Company.'] All rights reserved. Es Propiedad. SECüfoD OGPY, \ 4 - \ * \ c b O D CN este Libro Segundo de Lectura he seguido igual método ^ que en el primero-de la serie, haciendo que en su texto alternen las lecciones sugestivas, los cuentos, las fábulas y las composiciones poéticas cortas; todo ello á propósito para desper¬ tar el interés del niño. Es una condición pedagógica esencial la de que al niño le agrade y atraiga el libro en cuya lectura se ejer¬ cite. Por hábil que sea el maestro y por grandes que sean sus desvelos, el fruto de su labor profesional no corresponderá á sus esperanzas mientras el libro que ponga en manos de los jóvenes lectores les resulte fatigoso y sin atractivo. El nombre de la acreditada casa de los Sres. Silver, Burdett y Compañía, editores de libros excelentes por todos conceptos, es garantía de las superiores condiciones artísticas y tipográficas que por sí solas constituyen la mitad del éxito en obras de esta índole; aparte de que el mérito literario del libro se ha tenido en debida consideración, tanto en su generalidad como en relación con el desarrollo intelectual ie aquéllos á quienes se destina. Como el despertar y estimular en la mente infantil el amor á la literatura es ahora reconocidamente uno de los fines primor¬ diales de la educación, se ha hecho que el elemento literario figure como carácter distintivo en estos libros de lectura, y ya se obser¬ vará que esto sirve también de incentivo para aprender las lecciones. Estimular el pensamiento, cultivar la afición á la verdad y el vi PREFACIO. sentimiento de la honra, y el sembrar ideas (nada más que sem¬ brarlas) han sido los principales objetos de estas obras, cuya utilidad será tanto mayor cuanto más sugestivamente las emplee el maestro, realzando el valor del texto con sus explicaciones orales. Cada lección da margen á útiles comentarios. El profesor es el guía, y puede auxiliar mucho á los niños para que del interés inspirado por las lecciones ordinarias obtengan el beneficio de ulteriores enseñanzas. En el presente libro, como en el que le ha precedido, el orden de las lecciones, y hasta gran parte de los asuntos, se han acomo¬ dado al método del Libro Segundo de Lectura correspondiente á la serie titulada Stepping Stones to Literature. En algunos casos, los textos en verso inglés se han sustituido con otros en español de autores castizos y renombrados; y otras veces se han tradu¬ cido libremente al español, siempre que ha sido posible hacerlo sin daño de la claridad, hermosura y vigor de las composiciones. El traductor, además, ha escrito ad hoe las poesías que van sin firma ni indicación de procedencia. Tocante á las lecciones en prosa, sólo se han variado radical¬ mente aquéllas que se refieren á costumbres ú objetos desconoci¬ dos para los niños de estos países meridionales, teniendo en con¬ sideración un importante principio pedagógico. Al autor de la traducción le han auxiliado en su trabajo dos ilustrados jóvenes puertorriqueños que han hecho sus estudios en universidades americanas, é igualmente le han ayudado en esa labor los doctores don Franncisco del Valle Muñoz y don Manuel Fernández Náter. Manuel Fernández Juncos. PÁGINAS El Pollito ..11 Para el Estudio.15 La Rana y la Gallina.15 El Rey Midas.16 El Nido. 18 Para Deletrear.19 El Ciego y el Cojo . . . . . . 20 Estudio de Palabras.21 Cuentas Galanas.22 Amor Constante.25 Héroe.26 El Muchacho y el Podador ... 29 La Zorra y las Uyas.30 Estudio.30 Estudio.31 El Niño y el Pájaro.32 La Zorra y la Alondra.33 Estudio de P ala bras.34 El Lobo y el Cabrito.35 Para el Estudio.35 La Rana.36 La Hormiga y la Cigarra .... 37 Pensamientos de un Pájaro ... 39 La Tienda Infantil.40 Á la Caída de la Tarde .... 43 El Muchacho y el Río.44 Estudio.45 PÁGINAS El Centavo de Sara.46 El Camello y la Pulga.48 Los Muchachos y las Ranas ... 50 La Oración del Niño.51 El Cuervo y el Zorro.52 Para Estudiar.53 Pensamientos de Niña ..... 54 Las Moscas . ..56 Para el Estudio.56 La Gallina de los Huevos de Oro . 57 Estudio.57 El Perro y su Imagen.59 Palabras para Estudio.60 Juan y José.61 La Canción del Ave Libre .... 64 La Casa de las Mhñecas .... 65 Máximas.66 El Muchacho y las Nueces ... 67 La Tortuga.68 El Sándalo.69 Estudio.69 El Águila, La Corneja y la Tortuga 70 El águila Herida.71 El Arroyo Manso.73 Los Dos Nidos.73 Los Tres Osos.75 Estudio de Palabras.78 viii INDICE PÁGINAS La Cabeza y el Gorro.79 La Corneja Sedienta.80 El Ratón de la Ciudad y el del Campo ..81 Para el Estudio.83 Pensamientos.' . . 83 La Señora Luna.84 El Viento y el Sol.85 La Luz y las Ranas.85 Los Dos Cubos.86 La Carambola.88 La Estrella Solitaria.89 El Haz de Leña.92 Las Gotas de Agua.93 Los Hijos de las Nubes .... 94 El Reloj de Sol.95 El árbol de Navidad de los Paja¬ ritos .96 Es Ruiseñor y el Gorrión ... 98 El Ruiseñor.99 El Mercader y el Burro .... 100 Estudio.101 El Arroyo Pedregoso.102 Las Golondrinas.104 La Canción del Muchacho . . . 105 Flores y Lluvias.106 El Águila y la Zorra.107 Ti a Rosa Amarilla.108 La Niña y la Oveja.110 Estudio.112 La Lámpara y el Sol.113 La Fragua del Herrador . . . 114 El Herrero de la Aldea .... 116 Una Carta Interesante .... 118 El León y el Ratón.121 PÁGINAS El Congreso de Ratones .... 123 Estudio.124 Pensamientos.124 El Burro y la Cigarra .... 125 Dos Niñitas.126 Las Flores. 129 Los Amigos de los Niños .... 130 Para el Estudio ...... 132 Un Buen Muchacho ...... 132 Mis Vacaciones ....... 134 Las Espigas.135 Para Estudio entre Horas . . . 136 Para el Estudio de Palabras . . 137 La Ardilla.137 Bellas Cosas.141 Pensamientos.141 La Bella Creación.142 Los Dos Perros ....... 143 El Ciervo en la Fuente .... 145 Manos ásperas.146 Para el Estudio de “Manos ásperas” 147 El Pastor de Cabras.148 El Hombre y los árboles . . . 149 El Carbonero ..150 El Lobo y la Cigüeña.151 Estudio.151 Un Fiel Amigo.153 El Filósofo y el Buho.155 Décima . ..156 En La Tumba de un Buen Hombre . 156 Estudio de Rimas ...... 156 Palabras para Deletrear . . . 157 Pensamientos.158 Rimas y Sentencias.159 Alfabeto de Escritura .... 160 GUÍA PARA LA COLOCACIÓN DE LAS LÁMINAS. PÁGINAS El Águila {color) . 2 Elisa y los Gaticos. 10 La Calandria {color) ..19 El Baño de la Muñeca.24 Salvada.31 Pajaritos en su Nido {color) ... 38 Sara y Blanca.49 El Campo de Margaritas {color) . . 55 Tramando Maldades.60 El Primer Cumpleaños.72 Los Tres Osos {color) . 74 Páginas La Bandera Cubana {color). ... 91 Del Salmo xxiv {color) ..... 109 La Vuelta de la Montaña . . . 111 El Herrero de la Aldea . . . . 115 Henry W. Longfellow . . . . 118 Casa de Longfellow. 120 La Vivienda del León.121 Lirios {color) .128 Dos ARDILLAS Y UN PÁJARO . . . 139 El Ciervo.144 Trabajador Noble.152 L. Knauss. Elisa y los Gaticos, EL POLLITO- El Pollito estaba picando muy entretenido en el jardín, cuando una hoja de rosa le cayó sobre la cola. Corrió lleno de miedo adonde estaba la Gallina y le dijo: — Madre, el cielo se está cayendo. — I Cómo lo sabes, hijo ? — Lo acabo de ver con mis Un pedazo de él cayó so¬ bre mi cola. — ¡ Corramos! -— dijo la Gallina. Y así corriendo llegaron á presencia del Pato. — ¡ El cielo se está cayendo! — gritó la Gallina. — ¡ Horror! ¿ Cómo lo sa- bes ? — preguntó el Pato. 12 LIBRO SEGUNDO. — Me lo ha dicho el Pollito. — i Cómo lo sabes, pequeño ? — Lo he visto con mis propios ojos, y me cayó un pedazo sobre la cola. — ¡ Corramos ! — dijo el Pato. Y echaron á correr en busca del Ganso, ante el que llegaron jadeantes. — ¡ Oh, Ganso ! — gritó el Pato — el cielo se está cayendo. — ¡ Cómo lo sabes! — dijo el Ganso, alargando su hermoso cuello. — Me lo ha dicho la Ga¬ llina. — I Cómo lo sabe la Gallina % — El Pollito se lo ha dicho. — i Cómo lo sabes, Pollito ? — Lo vi con mis propios ojos, y un pedazo del cielo cayó sobre mi cola. — ¡ Huyamos ! — dijo el Ganso. LIBRO SEGUNDO. 13 Y llegaron á presencia del Pavo. — ¡ El cielo se está cayendo — graznó el Ganso le contó cómo y por quien se había sabido la noticia. Al oir esto el pavo, se le pusieron las plumas de punta. — ¡ Corramos adonde se halla la Zorra ! dijo. Y llegaron á presencia de la zorra. — ¡ Oh, Zorra! — dijo el Pavo — el cielo se está ca¬ yendo. — ¿ Cómo lo sabes ? — Me lo ha dicho el Ganso, al cual se lo contó el Pato. — Y el ¿como lo supo % — Se lo dijo la Gallina. — ¿ Cómo lo sabes, Gallina % — Me lo ha dicho el Pollito. 14 LIBRO SEGUNDO. — Venid conmigo — les dijo — y os conduciré ante la Reina. Todos siguieron á la zorra, que los condujo á una cueva de la cual no volvieron á salir. — ¿Y cómo lo supo él ? — Lo vi por mis propios ojos — dijo el Pollito — y me ha caído un pedazo sobre la cola. LIBRO SEGUNDO. 5 Para el Estudio. Muéstrense á los niños los grabados de este cuento, y háganseles preguntas sobre lo que sepan acerca de estas aves domésticas. LA RANA Y LA GALLINA. Desde su charco una parlera rana Oyó cacarear á una gallina. — Yaya — le dijo — no creyera, hermana, Que fueras tan incómoda vecina. Y con toda esa bulla, ¿ qué hay de nuevo ? — Nada, sino anunciar que pongo un huevo. — ¿Un huevo solo? i Y alborotas tanto ! — Un huevo solo ; sí, señora mía. ¿ Te espantas de eso, cuando no me espanto De oirte cómo graznas noche y día ? Yo, porque sirvo de algo, lo publico ; Tú, que de nada sirves, calla el pico. Moraleja. — Al que trabaja algo , puede disimulársele que lo pregone ; el que nada hace , debe callar . Triarte. i6 LIBRO SEGUNDO. EL REY MIDAS. Midas era un rey que amaba el oro sobre to¬ das las cosas. Un día se le apareció nna hada y le dijo: — Pídame usted una gracia, y se la conce¬ deré. Midas le pidió que se convirtiese en oro todo lo que el tocase; el hada se lo concedió, y el pobre rey se llenó de alegría. — ¡ Que feliz voy á ser con tanta riqueza! — dijo Fue luego á coger una flor y se le volvió oro. Tomó una manzana para comerla y se le volvió oro. Pidió agua para calmar la sed, y agua y copa se vol¬ vieron de oro. Quiso comer y no pudo. Todos los manjares se con¬ vertían en oro al tocarlos. LIBRO SEGUNDO. *7 Hallábase acongojado del error en qne había incurrido, cuando acudid á consolarle una bella hija por la que sen¬ tía gran cariño; pero en cuanto la toco quedó la niña convertida en estatua de oro. Hambriento, sediento y desesperado estaba el pobre rey llorando sobre el cadáver de su hija. A todo renun¬ ciaba con tal de volver á la vida aquella criatura que era toda su alegría. En el momento en que lloraba con más amargura, se le apareció el hada: — ¡ Estás sa¬ tisfecho, Midas? — le preguntó. El desgracia¬ do rey le pidió la gracia de de¬ volver la vida á su hija, y de que le quitase á el aquella ingrata facultad de convertir en oro lo que tocaba. Sus lágrimas enternecieron al hada, que le concedió nuevamente lo que pedía. LIBRO SEGUNDO. 18 EL NIDO. I Dónde vas, zagal cruel, Dónde vas con ese nido, Riendo tú, mientras pían Esos tristes pajarillos? Su madre los dejó solos, En este momento mismo, Para buscarles sustento Y dárselo con su pico.... Mírala cuán azorada Echa menos á sus hijos, Salta de un árbol á otro, Va, torna, vuelve sin tino: Al cielo favor demanda Con acento dolorido; Mientras ellos en tu mano Baten el ala al oirlo.... ¡ Tú también tuviste madre, Y la perdiste muy niño, Y te encontraste en la tierra Sin amparo y sin abrigo !... LIBRO SEGUNDO. 19 Las lágrimas se le saltan Al travieso pastorcillo, Y triste y avergonzado Deja en el árbol el nido. Martínez de la Rosa. Para Deletrear. árbol, nido madre, niño salta, pico cielo, abrigo vuela, hijos mira, mano ala, hoja grano fruto agua, brillo canto, lindo rosa, lirio zagal cruel amparo azorada piar triste acento favor tornar sustento demanda dolorido 25 LÍBRÓ SEGUNDO. EL CIEGO Y EL COJO. Un ciego y un cojo llegaron á descansar á la sombra de un árbol corpulento. — Quisiera ir á la ciudad — dijo el cojo — pero no puedo andar. — Yo iría también de buena gana — dijo el ciego — pero no tengo vista. — ¡ Asociémonos! — exclamó el cojo. — Yo pondré La vista y tú los pies. Convinieron en el trato, subióse el cojo en los hombros del ciego, y, desde allí, le guiaba advirtiendole los LIBRO SEGUNDO. 21 peligros y tropiezos del camino. Así pudieron llegar los dos á la ciudad. Háganse á los niños preguntas sencillas que les hagan pensar , sin esfuerzo , en algunas ventajas de la asociación. Estudio de Palabras. Buscar de memoria palabras que rimen con las siguientes: madre luego pido cielo favor flojo trato maldad cariño miedo suerte pincel grano honor trigo fragua fruto alegría niña botón Usar las siguientes palabras en expresiones ó sentencias cortas: una vez triste hambre agua había madre mañana alimento era ciego andar calor nido camino cojo peligro pajaritos árbol ciudad guiar flores alas renuevos agua luces azul niños estrellas peces hojas abejas mariposas luz calor lluvia sol 22 LIBRO SEGUNDO. hablar hablando comer comiendo crecer ■creciendo caer cayendo comprar comprando CUENTAS GALANAS, Iba caminando una joven con una cesta de huevos, y decía para sí de esta manera: “ Llevo quince huevos en la cesta. Los echare en el nido de mi buena gallina blanca, que se acostará sobre ellos para empollarlos. LIBRO SEGUNDO. 23 Los quince pollitos romperán luego los cascarones. Me parece verlos ya correteando; unos negros, otros blancos, otros amarillos.... ¡ Pí, pí!-Les daré harina y después maíz en grano. Cuando sean gallinas ó gallos los llevaré á vender. I Cuánto pediré por ellos ? ¡ Ah! entonces seré rica, compraré un sombrero y un vestido nuevo, y mis amigos no me conocerán.” Sacudió la cabeza al decir esto, y se estrellaron contra el suelo todos los huevos de la cesta. Tbo La/lyp C^AJJy C^LaÁAXIA/ tciy ÍÁjJ}Ajy a/rUx&y cUy CÁ>cyo\Lcv. TKbaAy 'XXxlo 'joyajyClAxO e/W TTUCimX> c^uA/ oXá/tu to aK>taynxix>. - Tío jax>A/ rnyuxotix> rrxxixlAyux^xiAy‘ a/rrui/ruxMy maAy \jyrrJ\pAÁi/y\Áy^. 24 LIBRO SEGUNDO, Q. Igler. EL BAÑO DE LA MUÑECA. Eecítese el cuento de la muñeca. MURO SEGUNDO. •3 AMOR CONSTANTE. (1>W KlNUMliWY.) ITim voz mi muñeca. querida, Blanca y rubia como un serafín, Con sus frescas mejillas rosadas Y sus bellos ojitos turquís, Se perdió no sd endino en (^1 campo, Donde fuimos con ella, á jilear, Uord mucho, Uord sin consuelo, Y busqud. ... ¡ No la pudo encontrar! Knoontrd mi muñeca querida, Al jilear en el campo otra vez. Todos dicen <|uc está menos bella.; Ya. no inspira, tan vivo inferes. Ya. no es rizo su rubio cabello; Ya no tiene tan lindo color; Ya. no tiene tan rojos los labios; Y aun así la prefiere mi amor. oxvrv rrvu ynAA/nAÁ'xv, 26 LIBRO SEGUNDO. HÉROE. Le damos este nombre á nuestro perro, cuyo retrato veréis en la página de enfrente. ¡ Mirad qué grande es, y qué buena cabeza tiene! Se llamaba León cuando era más pequeño; pero des¬ pués ganó el nombre de Héroe. Cuando se iba á embarcar nuestro buen tío, nos dió el perro, diciéndonos: — Aquí tenéis, queridos niños, un compañero y un amigo leal. Voy á servir á la patria y no podre acompañaros en mucho tiempo; pero este compañero ocupará mi lugar. Jugará siempre que ustedes quieran y os cuidará con cariño. Desde aquel día fué León nuestro compañero. Si íba¬ mos al monte por flores, él iba también. Cuando íbamos á buscar leche, León nos acompañaba. Iba tras de nos¬ otros á la escuela y nos aguardaba en la puerta hasta que salíamos. Todo el vecindario quiere bien á León; pero él nos quiere á nosotros más que á nadie. LIBRO SEGUNDO. 27 Cuando cualquiera de los niños vecinos fingía reñir con nosotros, León gruñía j le mostraba los dientes hasta causarle miedo. Entonces le acariciábamos con entusiasmo, celebrando su lealtad j cariño. Yendo el con nosotros, estábamos seguros. Pero no he dicho todavía por que le llamamos Heroe. María, nuestra pequeña hermana, jugaba una tarde con nosotros cerca de casa. 28 LIBRO SEGUNDO. Elena y yo, de mayor edad, corríamos mucho, y ella no nos podía alcanzar. De pronto la perdimos de vista, y sólo vimos á León qne se había detenido y volvía á buscarla. Cuando vimos que María tardaba, volvimos hacia ella y nos enteramos de lo que había pasado. Nuestro padre guiaba desde el carro dos caballos que tiraban de aquel. Los caballos se desbocaron. María estaba en el medio del camino muy asustada con el ruido y con los gritos de nuestro padre, que inútil¬ mente trataba de evitar el peligro. Un momento más, y las patas de los caballos alcanza¬ ban á la niña.... pero el auxilio estaba mas cerca. León había oído el alboroto y previsto el peligro. Llegó, de un salto, al medio del camino, y cogiendo á la niña por el vestido, la puso fuera del alcance de los caballos. Papá se había lanzado al suelo, y vio con sorpresa y alegría á la niña, en salvo, muy agitada por lo que aca¬ baba de ocurrir, y al valiente León acariciándole una mano con la lengua, y que parecía decir: “No tengas miedo, no llores. Yo estoy aquí.” Nuestro entusiasmo y cariño por ese noble animal fue LIBRO SEGUNDO. 29 mayor desde aquel día, y cuando nuestro tío supo la acción de su perro lloró de alegría. Nos propuso, desde entonces, que le llamáramos Héroe. Cuando Elena y yo nos hallábamos en presencia del perro y recordábamos que el se quedó con María, con la más débil, nos reprochábamos el haber sido menos pre¬ visores y celosos que el. desbocado miedo previsión fiel peligro reprochar EL MUCHACHO Y EL PODADOR. Á un manzano podaba un hortelano, Y un muchacho con intimas querellas, Decía : — ¿ por qué, inhumano, Del tronco á quitar vas ramas tan bellas ? — Córtalas, podador — dijo el manzano — Que se me quiere encaramar por ellas. El tal rapaz, que procuraba arguyo El bien ajeno en beneficio suyo . R. de Campoamor. 30 LIBRO SEGUNDO. LA ZORRA Y LAS UVAS. Se cuenta que después de medio día En ayunas la Zorra iba cazando, Halla una parra, quédase mirando De la alta vid el fruto que pendía. Causábale mil ansias y congojas, No alcanzar á las uvas con la garra, Al mostrar á sus dientes la alta parra Negros racimos entre verdes hojas. Miró, saltó y anduvo en probaduras, Pero vió el imposible ya de fijo. Entonces fue cuando la Zorra dijo : “No las quiero comer : no están maduras . i Samaniego. Estudio. Las uvas crecen en la viña.. Las manzanas crecen en un árbol. Las fresas crecen en un arbusto. ¿ Qué frutas conoce usted ? Escriba los nombres de las que haya visto. LIBRO SEGUNDO. 3i Sir Edwin Landseer. ¡SALVADA! Dígase la historia á que se refiere el grabado. Estudio. —Contestar las preguntas. ¿ Ha leído usted el cuento del buen perro Héroe ? Este gra¬ bado representa otra buena acción. ¿ Sabe usted algún otro cuento de un perro ? ¿ Conoce usted otro perro ? ¿ Cómo se llama ? ¿ Qué clase de perro es ? ¿ Dónde vive ? 32 LIBRO SEGUNDO. EL NIÑO Y EL PÁJARO. El niño. — ¡ Pajarito, pajarito ! ¿ Por qué te alejas cuando me acerco á tí ? Si quisieras vivir conmigo te cuidaría bien, tendrías una bella casita de alambres y cantarías más tranquilamente. El pájaro. — Cantare todo cuanto quieras, pero desde el ramaje en donde estoy. No te acerques mucho que me das miedo. Los niños nos parecen más amables desde lejos. El NIÑO. — Nada temas, pajarito; te quiero mucho y te tratare bien. El pájaro. — Querido niño, no puede ser. Tengo mi nido en este árbol, y me esperan cuatro pajaritos, que se morirían de hambre si les falto. También me gusta más el aire libre que esa casita dorada que me ofreces. En ella no me servirían de nada las alas, y para algo me han nacido. Adiós. (X y |ax£jxi/ , U> C^AAÁy ¿Us llAJu ¿JU SxiAs oJjJJUxAs bb> La/ri/ cUy QAAjQAAf. LIBRO SEGUNDO. 33 LA ZORRA Y LA ALONDRA. Una zorra iba huyendo Por una loma De un perro que llevaba Casi á la cola. Por encima volando La ve una alondra Que en el aire cantaba Muy sin zozobra. — Oye (dice á la que huye) Mi voz sonora. — ¡ Para música estamos ! (dijo la zorra). Divertir quieren siempre Ciertas personas, Y por no ser á tiempo Nos incomodan. Hartzenbusch. 34 LIBRO SEGUNDO. Úsense estas palabras en la composición de frases ó sentencias cortas. 1 l 2 > 3 Midas dulce i crecer oro rico > amar hada ? triste < beber flor S niña í correr manzana < carro \ jugar agua cojo s andar caballos $ ciego í ver héroe j egoista \ decir Encontrar las siguientes palabras en la fábula de “ La Zorra y la Alondraf y .usarlas en frases ó sentencias . 4 i 5 * 6 zorra > huyendo < loma casi > dijo ? volando cola < encima > huye oye > alondra < sonora dijo S voz ¿ aire zozobra < divertir perro música siempre s estamos muy $ tiempo < personas quien < que ? cantaba sin ciertas S una LIBRO SEGUNDO. 35 EL LOBO Y EL CABRITO. (De Vaudin.) Un cabrito insolente llenó de insultos, desde un alto terrado, á un lobo que vio pasar. Este, mos¬ trándole los dientes, le dijo con sarcasmo : — No temas nada ahora; per¬ dono tus sandeces. Pero, si volvieses á encontrar¬ me en otra parte, serás más comedido ¿ verdad ? y más prudente. 4 ¿Por que desde el terrado era valiente el cabrito ? l Por que le teme el cabrito al lobo ? Para el Estudio. pasar pasando insolente terrado comedido sarcasmo dientes insultos lobo cabrito valiente prudente 36 LIBRO SEGUNDO. LA RANA. (De Esopo.) El hijito de una rana se acercó á la orilla de un char¬ co, y quedó asombrado al ver un buey que estaba be¬ biendo allí. Nunca había visto un animal tan grande. Llegó adonde estaba su madre, no encontrando ma¬ nera de expresar su asombro y darle idea de aquella visión. — Era grande, muy grande — decía — buscando con la vista una cosa con que comparar el tamaño del buey. — I Tan grande como yo ? — dijo la madre. — ¡ Mucho más! La rana, algo mortificada por la respuesta del pequeño, empezó á hincharse. Cuando estuvo de doble tamaño al que tenía ordinariamente, preguntó á su hijo: — i Así ? — Mucho más—añadió el pequeño. Entonces la rana volvió á hincharse con tal fuerza que reventó. Es pretensión muy vana La de abultar cual buey , quien nació rana . LIBRO SEGUNDO. 37 LA HORMIGA Y LA CIGARRA. Trabajaba muy afanosa una hormiga en acopiar gra¬ nos para comer durante el invierno, mientras que una cigarra cantaba alegremente y hasta solía burlarse de los afanes de la hormiga. Llegado el invierno, la cigarra se encontró desprovista de alimento y acudió á los almacenes de la hor¬ miga. — Vecina — le dijo — préstame algunos granos para pasar esta es¬ casez que estoy sufriendo. — Y ¿que hiciste en el verano cuando tanto abundaban los granos? — Pase el tiempo cantando. — Pues ahora baila que aquí sólo hay granos para los que saben guardar. 38 LIBRO SEGUNDO PAJARITOS EN SU NIDO LIBRO SEGUNDO. 39 PENSAMIENTOS DE UN PÁJARO. TA/t>/riXo-. C^uXcu q^jüü eX rriwnyclo- eA/cu ÍXexLo- / yixix>, jXxx^ptX, eAX\AcJix> X}/ CL^AA/t 'jax^tbclcv. JÜAAjriAAAy, XVlMy t/w u/ru tu uclx> joAA^yuuuriX^. . TXaXy ta/ucUy aXcX Leu caxXt/^cu... LX TrUUUTUcl<> tACU TITCUA eyOtXcTAXT, Xj/ cU/ Xo-jyCt4y TA-Y/cUa^ ^X>A^TbCLcl(>. QytcX, joDAy XLjXrrucr, eX autreXo, Ijy (XXoAyCU tX TnyUUTUcl(> TUO YA jDty C^UA TUU Cx5XtLX> IaXÁs Vjü cXuOa 40 LIBRO SEGUNDO. LA TIENDA INFANTIL. Como el sábado no había escuela, Marcos había for¬ mado el propósito de ir á pescar. Madrugó mucho; pero cuando llegaba ya el momento de salir, empezó á llover. Marcos aguardó un largo rato con el rostro pegado al cristal de una ventana; pero el agua arreciaba cada vez más. La abuela observaba tristemente la contrariedad de su querido nieto, y vió que una gruesa gota de agua ro¬ daba por la parte interior del cristal donde estaba el niño. — Mal estamos ahora — dijo la buena anciana, aproxi¬ mándose á Marcos. — Llueve por fuera y por dentro. Quiso el niño disimular el llanto, pero nuevas lágrimas rodaban ya por su rostro. La abuela comprendía que era necesario divertir al niño. — Lee tu libro de cuentos. — Lo he leído. — Léelo otra vez. LIBRO SEGUNDO. 41 — Lo sé ya de memoria. — Pues entonces ven conmigo — dijo la anciana son¬ riéndose.— Vamos á poner una tienda. Y se encaminó á la despensa, acompañada de su nieto. Formaron con los muebles un mostrador, y con obje¬ tos del servicio de mesa y con comestibles, quedó la tienda armada en un momento. Marcos era el comerciante y su abuela llegaba á comprar. —- ¡ Buenos días, señor comerciante! — Bien venida, señora Clara. ¿ Viene usted á comprar algo ? — Sí. i Tiene usted azúcar ? — Sí, señora, y muy dulce. — Pues deme usted dos metros. Marcos tuvo que hacer un esfuerzo para contener la risa; pero le contuvo la gravedad del papel que estaba representando. — No vendemos el azúcar por metros, señora. — ¿Y cómo la venden? — Por kilos ó por libras. — Bien, pues tráigame cinco libras de azúcar y dos de vinagre. 42 LIBRO SEGUNDO. Esta vez le faltó poco á Marcos para dar al traste con su gravedad. — Perdone usted — dijo — no vendemos el vinagre por libras. — Y i cómo se vende % — preguntó la abuela. — Por botellas y galones. — Entonces, deme usted dos botellas de vinagre y dos botellas de huevos. Marcos estuvo esta vez á punto de faltar al respeto á su bondadosa parroquiana, riéndose de su modo de comprar. — Los huevos se venden por docenas, señora Clara. — Pues deme una docena de huevos y cuatro docenas de maíz. Esta vez se rió Marcos sin poderlo evitar, y explicó á su compradora que el maíz se vendía por libras y por arrobas. — Es verdad — dijo alegremente la abuela. — Deme una libra de maíz y otra de cinta azul. Marcos no pudo ya contenerse en la gravedad de su papel de tendero, y saltando por sobre el mostrador co¬ rrió á dar un abrazo á su abuelita. Había terminado ya la lluvia, y el niño pudo salir á pasear como deseaba. LIBRO SEGUNDO. 43 — ¡ Abuelita ! — dijo al marcharse — si otro día llueve y no puedo salir, jugaremos otra vez en la tienda. — Todo cuanto quieras, hijo. Tus alegrías me gustan más aún que las sonrisas del sol. Á LA CAÍDA DE LA TARDE. ¿ Por qué, por qué estoy triste ? ¿ Qué presagio, Qué dolor, hasta aquí desconocido, En estas horas de sosiego viene Á arrancarme tras uno otro gemido ? ¿ Será que por desgracia me persiguen Los recuerdos más tristes paso á paso ? ¿ Será que mi ventura, como el día, Ya cayendo á los bordes de su Ocaso ? ¿ Será que ya se acercan los instantes Aciagos para mí, de la partida ? ¡ No lo sé, mas paréceme que lenta Se va extinguiendo con la luz mi vida ! ¡ Llega, noche, por Dios ! pues que tus horas Que dan al cuerpo fatigado calma, Al cerrar nuestros ojos... . ¡ con cariño Abren las puertas del consuelo al alma! Enrique Nattes. 44 LIBRO SEGUNDO. EL MUCHACHO Y EL RÍO. Un muchacho campesino salió de su casa con una cesta llena de quesos y frutas para venderlos en el mer¬ cado. Era la primera vez que sus padres le confiaban este encargo. En el camino se encontró con un río de una gran corriente. — i Qué haré? — pensó el muchacho.—No puedo sal¬ tar á la otra orilla, que está demasiado lejos, y el río es demasiado hondo para atravesarlo á pie. Por fortuna la corriente va muy de prisa; esperaré á que pase. Y se tendió en la orilla, donde estuvo esperando hora tras hora, hasta que llegó la noche, sin que el agua aca¬ bara de pasar. Entonces tuvo miedo y volvió corriendo á su casa. — ¿ Cómo vuelves con los quesos y las frutas ? — le preguntó su buena madre. LIBRO SEGUNDO. 45 — Llegué á un río que iba corriendo muy de prisa. Todo el día estuve esperando que pasase y no pasó. Cuando volví, iba todavía corriendo. — Y así seguirá, hijo mío — dijo la madre — mucho tiempo después que tú y yo hayamos desaparecido. Estudio. Un río es una comente de agua. Un arroyo también. ¿ Dónde empiezan las corrientes ? ¿ Adonde van ? ¿ Que trabajo hacen ? ¿ Ha visto usted algún río ? ¿ En dónde ? ¿ Qué había en la orilla ? ¿ Qué había dentro de él ? ¿ Tiró usted en el agua alguna piedra ? ¿ Tiró usted alguna hoja ? ¿ Qué sucedió con la hoja y la piedra ? 46 LIBRO SEGUNDO. EL CENTAVO DE SARA. Sara era una niñita de cuatro años. Un día fue una señora á visitar á la madre de Sara, y al despedirse besó á la niña y le dio un centavo muy grande, del tamaño de medio peso. Sara se sonrió, y dió las gracias á la señora, con tanta dulzura, que esta volvió á besarla diciendo: — Eres una buena niña. Sara estaba contentísima con el centavo. Lo limpió hasta ponerlo reluciente; lo sacaba de su bolsillo muy á menudo, y, al acostarse, lo ponía debajo de la almohada. Un día estaba Sara muy entretenida en el jardín, ju¬ gando con su amiguita Blanca, y se les ocurrió hacer panecitos de tierra. Estaban afanadas en este trabajo, cuando una de ellas dijo que le gustaría que los panecitos fuesen de verdad para comerlos. — Mejor comería yo dulces — dijo Blanca. — No tengo dulces ahora, pero tengo con que com¬ prarlos. Y mostró el gran centavo reluciente que llevaba en el bolsillo. LIBRO SEGUNDO. 47 — Vamos á gastarlo — dijo Blanca. Y, sin pedir permiso á sns mamás, se fueron corriendo á una dulcería. Una viejecita muy bondadosa era la que vendía los dulces. Sara y Blanca llegaron á la vidriera y señalaron con sus dedos los dulces que les gustaban. —Yo quiero de aquél. —Y yo de aquel otro. — Deme usted ese otro de más allá. Cuando los dulces estuvieron amontonados sobre el mostrador, las niñas estiraron sus bracitos para cogerlos. La dulcera les advirtió que debían pagar el importe de ellos. — Dispénseme usted—dijo Sara—me había olvidado. Y con un gracioso ademán sacó de su bolsillo el gran centavo reluciente. El dulce valía por lo menos diez centavos. La vieje¬ cita advirtió á las niñas que allí faltaba dinero, muchos centavos más como aquél, y las niñas quedaron por un momento abochornadas, como si hubieran cometido una acción muy mala. Por fin dijeron que no tenían más dinero, que se 48 LIBRO SEGUNDO. habían equivocado, y suplicaron á la anciana que guar¬ dase los dulces mientras iban á buscar el dinero que fal¬ taba. Sara se avergonzó de tal modo que no podía contener las lágrimas. La buena dulcera hizo entonces dos cartuchos; los llenó de dulces y se los regaló á las dos niñas; enjugó el llanto de los ojos de Sara, y acarició y consoló á las dos amiguitas con palabras tan dulces como las confituras del regalo EL CAMELLO Y LA PULGA. En una larga jornada, Un camello muy cargado Exclamó, ya fatigado: — ¡ Oh, qué carga tan pesada! Doña Pulga, que sentada Iba sobre él, al instante Se apea y dice arrogante : — Del peso te libro yo. Y el camello contestó : — ¡ Gracias, señor elefante! Samaniego. LIBRO SEGUNDO 49 Mrs. U. P. Allingham. SARA Y BLANCA. JEn la tienda de dulces. Dígase el cuento. 5o LIBRO SEGUNDO. LOS MUCHACHOS Y LAS RANAS. Jugaban varios muchachos en la orilla de una laguna, en la que echaban barcos de papel. Uno de ellos vio una rana y le tiró una piedra: todos los demás empezaron á hacer lo mismo, y al poco tiempo caían las piedras como lluvia sobre toda la extensión del agua. Una rana grande, asomándose á la orilla opuesta, les dijo: — No tiren, por Dios, más piedras; pues, lo que para ustedes es una diversión, es muerte para nosotras. La diversión no es buena Si ha de fundarse en la desdicha ajena. LIBRO SEGUNDO. 5i LA ORACIÓN DEL NIÑO. (De Benthan Edwards.) Dios, haz de mi vida Luz brillante y leve, Que á todos alumbre Y á ninguno queme. Dios, haz de mi vida Flor grata á las gentes, Y que de mi casa Perfume el ambiente. Dios, haz de mi vida Cantar cilio alegre, Que al enfermo anime Y al triste consuele. Dios, haz de mi vida Cuerpo que sustente Al huérfano niño Y al anciano débil. 52 LIBRO SEGUNDO. EL CUERVO Y EL ZORRO. En la rama de un árbol, Bien ufano y contento, Con nn queso en el pico Estaba nn señor cuervo. Del olor atraído, Un zorro muy maestro Le dijo estas palabras, Ó poco más ó menos : — Tenga usted buenos días, q#t Señor enervo, mi dueño ; Yaya que estáis donoso, Mono, lindo en extremo ; Yo no gasto lisonjas Y digo lo que siento ; Que si á tu bella traza Corresponde el gorgeo, Juro á la diosa Ceres, 1 i¡,¡"K i / /, Siendo testigo el cielo, ÍW mil Que tú serás el fénix De sus vastos imperios. LIBRO SEGUNDO. 53 Al oir un discurso Tan dulce y halagüeño, De vanidad llevado Quiso cantar el cuervo, Y abriendo el negro pico, Dejó caer el queso. El muy astuto zorro, Después de recogerlo, le dijo : — Señor bobo, Pues sin otro alimento Quedáis con alabanzas Tan hinchado y repleto, Digerid las lisonjas Mientras digiero el queso. Samaniego. Para Estudiar. 1. Copiar veinte palabras de una sílaba. 2. Hallar diez palabras que empiecen con m. 3. Escribir cinco palabras que rimen con saltar. 4. Escribir todas las palabras que se pueda, rimando con río , pan , mosca , ir , hacer , gallina . 5. Dibujar alguna fruta que guste. 6. Dibujar algo que se tenga á la vista. 7. Copiar la fábula de El Lobo y el Cabrito , página 35. 8. Dibujar una cubierta para este libro. 9. Copiar las palabras que se pueda y que empiecen con S. 54 LIBRO SEGUNDO. PENSAMIENTOS DE NIÑA. Creo que las flores ven Y á veces las nubes juegan; Creo que el viento les dice Cosas gratas á las yerbas, Que se agitan y se ríen Cuando él va charlando entre ellas. Á veces por las mañanas Me voy sólita á sus fiestas, Y me divierto mirando Las margaritas inquietas. Les habla el viento al oído, Corre, salta, juguetea, Y ellas, en alegres giros, Mueven sus lindas cabezas. Sxx4y rrxxiAx^xiAÁÁxiAy qAAjqajyxj fly iL iMyeyyi/tcv La&y rru/My. LIBRO SEGUNDO 55 56 LIBRO SEGUNDO. LAS MOSCAS. Á un panal de rica miel Dos mil moscas acudieron, Que, por golosas, murieron Presas de patas en él. Otras dentro de un pastel Enterró su golosina. Así , si bien se examina , Los humanos corazones Perecen en las prisiones Del vicio que los domina. Samaniego. Para el Estudio. Copíese y apréndase de memoria lo siguiente: c3uLtyyvtci/ dAcLAy \jOUY\JO T U^MÁ/YY\P’\Áy Co-TU ailAÁX', JAA/TOAX> Lp '¿aJ^iXjVüTX SLo-íi^ cU/rruiA cC t\AÁsYikay a y u/ru>, ] a1}Aa Ax> rnx>ofvo-' Dajüu íixdXo Xaajyxjo 0)^rutlycvclix>. LIBRO SEGUNDO. 57 LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO, Érase una gallina qne ponía Un huevo de oro al dueño cada día. Aun con tanta ganancia mal contento, Quiso el rico avariento Descubrir de una vez la mina de oro, Y hallar en menos tiempo más tesoro. Matóla; abrióla el vientre de contado; Pero, después de haberla registrado, l Que sucedió ? Que, muerta la gallina, Perdió su huevo de oro y no halló mina. Samaniego. Estudio. ¿ En qué vicio incurrió el amo de la gallina ? Díganse los proverbios que se sepan sobre la codicia : “ El que todo lo quiere todo lo pierde.” “ El que mucho abarca poco aprieta.” “ La codicia rompe el saco.” Dígase el cuento de la gallina de los huevos de oro, con el libro cerrado. 58 LIBRO SEGUNDO. (Dibújese.) ( Dibújese.) (Dibújese.) ( Dibújese.) ( Dibújese.) LIBRO SEGUNDO. 59 EL PERRO Y SU IMAGEN, Cierto día un perro se encontró un gran pedazo de carne. Lo llevaba en la boca para comérselo, y al pasar por el puente de un arroyo, vio en el agua su imagen y creyó que era otro perro con otra tajada de carne. Saltó al arroyo para quitársela, y al abrir la boca, per¬ dió la carne que llevaba, quedándose sin ninguna. perro tajada puente agua codicioso imagen carne llevar perder pasar boca caer 6o LIBRO SEGUNDO. campesinos alegremente pequeño estanque barcos nadar frutas vacas Wunsch. TRAMANDO MALDADES. becerros formas Estas palabras están en el cuento de Juan y José , que empieza en la página siguiente. Que el niño lector las busque y las señale en su cuento. pájaro campo sol JUAN Y JOSÉ. hermanos gemelos ciudad grande yerba, árboles vaca, cabra patio, acera flores, frutos aire fresco LIBRO SEGUNDO. 61 JUAN Y JOSÉ. Juan y José eran hermanos gemelos y tenían seis años de edad. Vivían en nna gran ciudad, donde no había yerba ni árboles. Los dos hermanitos jugaban en el patio y en la acera de su casa, con grandes bolas pintadas. No habían visto nunca una vaca, una cabra ni un pᬠjaro libre. No habían visto nunca la tierra cubierta de flores, ni sabían lo que era un río ni un arroyo. Eran delgados y flojos, y tenían las mejillas pᬠlidos. Muy pocas veces lograban disfrutar de aire fresco y andar á la luz del sol. Un día de junio llegó á casa de Juan y José una se¬ ñora, y le dijo á la madre de estos niños: — Señora Luisa, ¿ quiere usted dejarme que lleve á sus dos pequeños hijos á pasar conmigo un mes de cam¬ po ? Los cuidaré muy bien. 62 LIBRO SEGUNDO. La madre, que tenía gran confianza en su amiga, con¬ sintió en que fueran con ella Juan y José, y alegrándose que conocieran el campo que ella recordaba con placer. ¡ Cuánto gozaron en aquel mes los dos liermanitos gemelos! Veían frutas y frutos de }w di versas clases, enterándose con curiosidad de cómo se (Dibújese.) producían ; ayudaban á los campesinos á recogerlas; trabajaban con mucho entusiasmo, y se comían alegremente las frutas maduras que encontraban á su paso. (Dibújese.) Hicieron en el arroyo un pequeño estanque en donde echaban barcos de papel, y ellos mismos hacían esfuer¬ zos por aprender á nadar. ¡ Daba gusto verlos andar con las vacas y jugar con los terneritos! ( Dibújese.) ( Dibújese.) Todo aquello era para los dos liermanitos nuevo y de¬ licioso. LIBRO SEGUNDO. 63 En el jardín y en el huerto no se cansaban de admirar las flores y de recoger las legumbres. Al principio no sabían distinguir bien las formas y los colores; pero pronto aprendieron á conocer las plantas, los frutos y las flores. — Cuando yo sea hombre — decía Juan — viviré en una casa de campo. — Y yo también — decía su hermano. Cuando volvieron á su casa iban gruesos y rosados, y su madre quedó gratamente sorprendida al verlos. Todos estaban alegres y satisfechos, y más que la ma¬ dre y los niños, gozaba al verlos la buena señora que les había proporcionado esta dicha. Las ideas generosas son semillas, Son frutos las benéficas acciones, Los corazones buenos son jardines Y las palabras dulces son las flores, gruesos rosados flores jardín alegres satisfechos plantas huerto LIBRO SEGUNDO. LA CANCIÓN DEL AVE LIBRE. Cuando en las tardes do estío, Agostada la pradera, El sol acrece su hoguera Y amengua el agua en el río; Desde el fresco pabellón De un árbol de copa altiva, Abro el pico, miro arriba, Y preludio mi canción. Pronto hacia allí congregados Se aproximan los vecinos, Y al son de mis dulces trinos Se olvidan de sus cuidados. La tarde luego declina, 3 de su dulce halago, Y me sumerjo en el lago De sombras de la colina. Allí la noche silente Me da paz reparadora, " Hasta que pinta la Aurora De nácar y oro el Oriente. Entonces doy los sonidos De más fuerza y armonía Al Dios que la luz envía Y que proteje los nidos. LIBRO SEGUNDO. 65 LA CASA DE LAS MUÑECAS. Catalina y Amparo tienen una casita para jugar bajo la vieja palma de su jardín. Es delicioso verlas hacer allí de amas de casa. La hicieron ellas mismas, con piedras llanas, ladrillos y pedazos de madera que fueron acopiando de acá y de allá. Tiene la casita una sala, un dormitorio, una cocina, una despensa y otros cuartos más. La despensa tiene va¬ rias tablillas, y alineadas en ellas algunas tazas hechas con las tapitas de las naranjas. Cada muñeca tiene allí su taza. Con unos cascos de plato hizo Amparo el resto de la vajilla, que brillaba por su limpieza desde el fondo del armario. La despensa está provista de pasteles, panes de gloria, empanadas y otras galosinas, hechas de barro con mucho primor. Había palanganas hechas con cascarones de huevos, y 66 LIBRO SEGUNDO. otras vasijas de cascarones de nuez, todas con agua fresca, traída del pozo por Catalina y Amparo. En el dormitorio hay pequeñas camas formadas de alambres y vestidas de limpio. En una de ellas descansa la muñeca más vieja de la colección. ¡ Da gusto ver de que modo se manifiesta y desarrolla en estos juegos el instinto domestico de las hermosas niñas, y cómo se afanan porque todo este allí ordenado y limpio! Las mamás vigilan desde lejos estos trabajos, y se re¬ crean con la infantil y graciosa laboriosidad de Catalina y Amparo en su casa de muñecas. Los niños, como las plantas, crecen más cuanto más se mueven bajo la influencia del aire y de la luz del sol. MÁXIMAS. El trabajo es la roca donde se sienta la propiedad . Sembremos fe, y brotarán raudales de esperanza y caridad. ¡Ay de la juventud, si no siente el estudio como una religión! José de la Luz Caballero. LIBRO SEGUNDO. 67 EL MUCHACHO Y LAS CIRUELAS. Un muchacho vio sobre una mesa un jarro casi lleno de ciruelas. Alegre con el hallazgo y codicioso de tan sabrosas frutas, metió la mano dentro de aquel, cogiendo todas las ciruelas que pudo abarcar, y al querer sacarlas, notó que el puño no podía salir por la boca del jarro. Lleno de susto y aturdimiento por lo que le ocurría, empezó á llorar. — I Que te pasa ? — preguntó su padre. — Que no puedo sacar la mano del jarro de las cirue¬ las— dijo el muchacho. I Puede usted decir la causa 1 60 LIBRO SEGUNDO. LA TORTUGA. Cuando Juan y José estaban en el campo encontraron una tortuga cerca de un arroyo. Nunca habían visto un ani¬ mal tan extraño. — I Qué es eso % — dijo Juan. (Dibújese.) — Debe de ser un pez, por¬ que salió del arroyo, en donde nadaba — contestó José. — No es pez, porque anda por la tierra. — Parece una tienda de campaña, y anda con menos destreza que un caracol. — Mira cómo esconde la cabeza cuando la toco. Su pellejo es duro como las piedras. — Llevémosla á casa. — Y i qué le daremos para comer ? — Pan y mantequilla. — lY si no le gusta ? — Hay allí otras muchas cosa^ Entre ellas escogerá. Y así diciendo, Juan y José cogieron la tortuga y se la llevaron á la casa donde vivían. LIBRO SEGUNDO. 69 l Quién de vosotros ha visto una tortuga ? 1 Quién sabe algo acerca de su forma y sus costumbres % EL SÁNDALO. — ¿ Das perfume celestial Al hacha que te asesina, Pobre sándalo ? — Sí tal. Cumplo con la ley divina: Le devuelvo bien por mal. F. I. Sala. Estudio. Llenar los blancos y contestar las preguntas. Juan y José estaban en el-. Encontraron una -—-— cerca de un arroyo. Nadaba en-. Andaba por-. Su concha era-. ¿ Ha visto usted alguna tortuga ? ¿ Qué pueden hacer las tortugas ? ¿ Para qué necesitan una concha tan fuerte ? 7o LIBRO SEGUNDO. EL ÁGUILA, LA CORNEJA Y LA TORTUGA, Á una tortuga un águila arrebata : La ladrona se apura y desbarata Por hacerla pedazos, Ya que no con la garra á picotazos. Yiéndola una corneja en tal faena, La dice : — En vano tomas tanta pena ; ¿ No ves que es la tortuga, cuya casa Diente, cuerno ni pico la traspasa, Y, si siente que llaman á su puerta, Se finge la dormida, sorda ó muerta ? — ¿ Pues qué he de hacer ? —Remontarás el vuelo, Y en mirándote allá, cerca del cielo, La dejarás caer sobre un peñasco, Y se hará una tortilla el duro casco.— El águila, que diestra lo ejecuta. Y la corneja astuta, Por autora de aquella maravilla, Juntamente comieron la tortilla. ¿ Qué podrá resistir á un poderoso Guiado de un consejo malicioso ? Samaniego. LIBRO SEGUNDO. 7i EL ÁGUILA HERIDA. ff $ (Dibújese.) Al volar hacia el peñón Donde estaba su guarida, Se sintió un águila herida En mitad del corazón. Con el golpe abatió el vuelo, Presa de dolores graves, Y la reina de las aves Cayó desplomada al suelo. Y vio, al contemplar la brecha Por donde la vida huía, Que una pluma suya había Servido para la flecha. — Fue fortuna bien ingrata (La moribunda exclamó) Que al cazador diera yo La flecha con que me mata. (Dibújese.) 72 LIBRO SEGUNDO. Meyer von Bremen. EL PRIMER CUMPLEAÑOS. Cuéntame la historia que representa este grabado. LIBRO SEGUNDO. 73 Mira ese arroyo plácido, Florencio, Que fluye sin rumor y baña el prado. Con su ejemplo enseñado, Haz al prójimo bien, y hazlo en silencio. Hartzenbtjsch. LOS DOS NIDOS. De la rama más gruesa y firme de un árbol colgó la mamá una pequeña hamaca de tela y en ella colocó á su niñita, meciéndola suavemente. La mamá observaba con atención á la niña, y sonreía dulcemente al ver que iba cerrando los ojos, hasta quedarse profundamente dormida. En otra rama, sobre la cuna, había un nido, y un ave cuidaba y adormecía en el á sus hijuelos. La brisa fresca besaba igualmente á la niña en la cuna y á los pajaritos en el nido. 74 LIBRO SEGUNDO LOS TRES OSOS LIBRO SEGUNDO. 75 LOS TRES OSOS. Rizos de Oro se llamaba la niña, y era bella como nn rayo de sol. Tenía los ojos color de cielo y sus rizos eran como hebras de oro. Un día Rizos de Oro se fue al monte á coger flores. Cerca del camino por donde iba se encontró una casita precio¬ sa, con flores y fuentes alrededor, y con una puerta abierta que pa¬ recía decir : “ Entre usted.” Ahora debo decir lo que no sabía Rizos de Oro, y era que en aquella bonita casa vivían tres osos. Uno de ellos era Oso Pequeño , otro era Oso Mediado y el otro OSO GRANDE. Los tres osos habían salido de paseo. Cuando Rizos de Oro se asomó á la puerta y no vio á nadie, entró en la casita y se sentó en la silla de OSO GRANDE; pero era tan áspera y dura que no pudo permanecer en ella. 76 LIBRO SEGUNDO. Entonces se sentó en la de Oso Mediano, y notó que era demasiado blanda. Por último, fue á sentarse en la silla de Oso Pequeño , y la rompió. Entonces dirigióse al otro cuarto, y vio allí tres platos de sopa. Uno era pequeño, otro me¬ diano y otro grande. Probó la sopa del OSO GRANDE, y es¬ taba tan fría que no pudo tomarla. Probó la del Oso Mediano, y estaba de¬ masiado picante. Probó la del Oso Pe¬ queño , y eran tan buena que se la comió toda. Siguió la niña registrando la casa y encontró tres dor¬ mitorios, uno GRANDE, otro Mediano y otro Chico. Rizos de Oro se acostó en la cama de OSO GRANDE; pero era tan dura que no pudo quedarse en ella. LIBRO SEGUNDO. 77 Se acostó después en la de Oso Mediano; pero era tan blanda que la niña tuvo miedo de hundirse en ella. Entonces se acostó en la de Oso Pequeño , y se quedó profundamente dormida. Poco después volvieron los osos á la casa. — ¿ Quien se sentó en mi silla 1 — gritó con voz ás¬ pera OSO GRANDE. — ¿Quien ha estado en mi silla? — dijo Oso Me¬ diano con voz menos fuerte. —I Quien habrá roto la mía ?—refunfuñó Oso Pequeño. Después pasaron los osos al otro cuarto. — ¡Han probado mi sopa! — dijo OSO GRANDE con voz de trueno. — ¡ Han probado también la mía! — dijo con voz me¬ nos fuerte Oso Mediano. — ¡ Han comido la mía! — dijo Oso Pequeño llorando. Fueron entonces á los dormitorios, y después de haber visto y olido las camas dijo OSO GRANDE: — Alguno se acostó aquí. — Y en mi cama también — dijo Oso Mediano. — Mi cama está todavía caliente — gritó Oso Pequeño. La pequeña Rizos de Oro se había despertado con los gritos de OSO GRANDE. 78 LIBRO SEGUNDO. Llena de susto se tiró por una ventana y se alejó co¬ rriendo. Cuando Oso Pequeño salió rastreando fuera de la casa, sólo vio á una niña que llegaba al pueblo, haciendo flo¬ tar en su carrera unos rizos que parecían formados con hebras de oro. Estudio de Palabras Contenidas en este Cuento. ojos azules flores casa rizos dorados susto silla grande mediano pequeño oso voz cama ventana carrera Úsense estas palabras en la construcción de oraciones. jQix>4y a h lyAxx/VhO r rruoJu i/ru' ) A á/yuou Cony YYVU/UaAy du büV-V oAA/TLCU. SyCLs CXy^OÁlÁA/YXyCÁÁly lAs CU leu ) AAXlUjJi yuutuy. Martínez de la Losa. LIBRO SEGUNDO. 79 LA CABEZA Y EL GORRO. “ Calor y abrigo te doy (Dijo el gorro á la cabeza) Y nunca de igual fineza Deudor en nada te soy.” La cabeza, con desdén, Contestóle: “ Errado vas, Pues si tú calor me das, Calor te doy yo también. Olvidadizo te encuentro; Mas piensa una vez siquiera Que si me abrigas por fuera, También te abrigo por dentro.” Muy errado el hombre vive Cuando sólo se complace Pensando en el bien que hace Y no en el bien que recibe. Miguel A. Príncipe. 8o LIBRO SEGUNDO. LA CORNEJA SEDIENTA. (De Esopo.) Con sed abrasadora se llegó una corneja á un cubo que había en el borde de un pozo. Tenía el cubo poca agua y la corneja no alcanzaba á tocarla con el pico. I Que hacer en este caso ? La necesidad aguzó el ingenio de la sedienta, que fue llevando piedrecitas al cubo, y á medida que ellas caían al fondo subía el agua, hasta que la corneja pudo alcan¬ zarla y saciar su sed sin ningún peligro. TbaAy a xxhu TTUl/rCcV ipUy j , AAAAsjsCU. LIBRO SEGUNDO. 81 ÉL RATÓN DE LA CIUDAD Y EL DEL CAMPO. Un ratón cortesano Convidó con un modo muy urbano, A un ratón campesino. Dióle gordo tocino, Queso fresco de Holanda; Y una despensa llena de vianda 82 LIBRO SEGUNDO. Era su alojamiento; Pues no pudiera haber un aposento Tan magníficamente preparado, Aunque fuera en Ratópolis buscado Con el mayor esmero, Para alojar á Roepán primero. Sus sentidos allí se recreaban: Las paredes y techos adornaban, Entre mil ratonescas golosinas, Salchichones, pemiles y cecinas: Saltaban de placer ¡ oh, qué embeleso! De pemil en pemil, de queso en queso. En esta situación tan lisonjera Llega la despensera; Oyen el ruido, corren, se agazapan, Pierden el tino; mas al fin se escapan Atropelladamente, Por cierto pasadizo abierto á diente. — ¡ Esto tenemos! — dijo el campesino — Reniego yo del queso, del tocino, Y de quien busca gustos Entre los sobresaltos y los sustos. — LIBRO SEGUNDO. 83 Volvióse á su campiña en el instante; Y estimó mucho más de allí adelante, Sin zozobra, temor ni pesadumbres, Su casita de tierra y sus legumbres. Samaniego. Para el Estudio. Escriba el lector diez palabras de las que le hayan llamado más la atención en esta fábula. Componga algunas oraciones en las que entren algunas de esas palabras. ¿ Qué sabe usted de los ratones ? ¿ Qué les gusta comer ? ¿ Qué daños hacen ? ¿ Cómo andan ? ¿ Qué habilidad tienen ? ¿ Ha visto usted un gato cazando un ratón ? ¿ Sabe usted algún cuento de un ratón y un gato ? PENSAMIENTOS. La vida es demasiado corta, el tiempo demasiado precioso, para decir cosas inútiles. Volt aire. 8 4 LIBRO SEGUNDO. LA SEÑORA LUNA, — Señora Luna, ¿ qué haces ? — Dar vueltas como lo ves. — ¿A quién amas ? — Amo á todos los que á mí me quieren bien. — Tanto rondar por las noches ¿ no te cansa alguna vez ? — Nunca. — ¿No duermes ? — Tampoco. — Y esa triste palidez de tu semblante ¿ qué indica ? — Eres preguntón, á fe. Como el Hacedor me hizo, así soy ; cumplo su ley. — No te enfades. — No me enfado. — Perdóname. — No hay de qué. LIBRO SEGUNDO. 85 EL VIENTO Y EL SOL. Discutían el Sol y el Viento sobre cuál tenía más po¬ der, y para aclarar el punto, convinieron en probar su acción sobre un pobre caminante que pasaba por la tierra. — El que consiga hacerle quitar el abrigo, ese será el de más poder — dijo el Viento. Convinieron en ello, y el Viento empezó á soplar so¬ bre el caminante, agitando mucho su abrigo; pero el hombre se abrochó bien y siguió su camino. Entonces el Sol dirigió sobre el sus rayos más calientes, y no tardó el caminante en despojarse de su abrigo. LA LUZ Y LAS RANAS. Silencio impone á las ranas Una luz bien encendida. La virtud esplendorosa Es mordaza de la envidia. F. I. Sala. 86 LIBRO SEGUNDO. LOS DOS CUBOS. Cuando nues¬ tros padres que¬ rían agua fresca y abundante, y no tenían cerca algún arroyo o río, cavaban pro¬ fundamente en la tierra y guarne¬ cían el pozo con grandes piedras. Pronto se llenaba el fondo del pozo de agua fresca y agradable. Ata¬ ban entonces un cubo al extremo de una soga, de la cual tiraban cuando aquel estaba lleno, y así conse¬ guían sacar el agua. LIBRO SEGUNDO. 87 En el grabado anterior puede verse uno de estos po¬ zos, tan útiles siempre, y sobre todo en los calurosos días del verano. Un cubo está atado á cada extremo de la soga. Cuan¬ do uno de los cubos entra en el agua del pozo y se llena, tiramos de la soga, y así sube el cubo lleno mientras baja á llenarse el que está vacío. Auxilia esta operación la rueda suspendida en el marco, y por la cual pasa la soga. ¿Le gustaría á usted sacar agua de uno de estos pozos ? Hay un cuento á propósito de los dos cubos de un pozo. Bajaba uno de aquellos cuando subía el otro, y al jun¬ tarse dijo el que subía: — Ahora que voy para arriba, voy lleno; pero dentro de un instante estará ya vacío, como siempre que bajo. — Precisamente iba yo pensando — dijo el otro — en que no importa que baje ahora vacio. Pronto he de subir, y voy lleno siempre que subo. Este cuento me hace pensar en algunos niños y niñas. ¿ Puede usted decirme por que ] B8 LIBRO SEGUNDO. LA CARAMBOLA, Ó EL MUCHACHO, EL MULO Y EL GATO. Pasando por un pueblo nn maragato Llevaba sobre nn mulo atado un gato, Al que nn chico, mostrando disimulo, Le asió la cola por detrás del mulo. Herido el gato, al parecer sensible, Pególe al macho un arañazo horrible ; Y herido entonces el sensible macho, Pegó una coz y derribó al muchacho. Es el mundo , á mi ver , una cadena , Do rodando la bola , El mal que hacemos en cabeza ajena , Refluye en nuestro mal , por carambola. Campoamor. maragato gato disimulo mulo muchacho macho LIBRO SEGUNDO. 89 LA ESTRELLA SOLITARIA. Lóbrega noche envolvía De mi patria hermosa el suelo ; Sus hijos ¡ oh desconsuelo ! No esperaban ver el día . . . Mas brilla en el horizonte Claridad extraordinaria Y aparece sobre el monte Una estrella solitaria . Desde su vivido foco Cinco haces de luz despide, Con que la sombra divide, Venciéndola poco á poco. Y al fin, desgarrando velos Con lumbre trémula j varia, Se hace dueña de los cielos Esa estrella solitaria * La gloria todos publican De la redentora estrella ; Todos, por seguir su huella, Corren j se sacrifican . . . Mas les infunde valor, En su empresa temeraria, El creciente resplandor De la estrella solitaria. go LIBRO SEGUNDO. La muerte no los arredra, El dolor los hiere en vano. Y no penséis que el cubano Tenga corazón de piedra ; Se ve de Cuba á los hijos Llorar su suerte contraria . . . ¡ Pero con los ojos fijos En la estrella solitaria ! Muchos han muerto en su afán Tras la refulgente guía ; Muchos mueren todavía, Y otros muchos morirán. Pero en trance tan horrendo, Murmurando una plegaria, ¡ Todos mueren sonriendo Á la estrella solitaria! Sufres, Cuba ; bien lo sé ; Pero advierte, en tu zozobra, Que todo lo grande es obra Del entusiasmo y la fe. Para que luzca tu día, Es tu estrella necesaria ; i Porque es un sol, patria mía, Esa estrella solitaria ! 1876. Diego Vicente Tejera. LIBRO SEGUNDO. Sufres, Cuba ;\ien lo sé ; Pero advierte, en t^ sozob ra. Que todo lo grande es obra Del entusiasmo y la fe. Para que luzca tu día, AjJly\ io 4 LIBRO SEGUNDO. LAS GOLONDRINAS. Ellas cruzan de los mares El blanco cendal tendido; Ellas levantan su nido En nuestros dulces hogares. Ellas adornan sus galas Del alba al primer destello; Tienen muy blanco su cuello, Tienen muy negras las alas. Ellas al morir la luz Lloran con eco doliente; Ellas besaron la frente De Jesucristo en la Cruz. Son las aves peregrinas Que á Dios levantan el vuelo; Son ¡ ay! las aves del cielo, ¡ Y se llaman golondrinas! Grilo. LIBRO SEGUNDO. 105 LA'CANCIÓN DEL MUCHACHO (De Hogg.) Por donde tiene más agua el lago, Por la corriente de más vigor, Por sobre el lomo del alto muro, Por allí vamos Guillermo y yo. Adonde canta tranquila el ave, Adonde inquieto bulle el pichón, Adonde hay fruta más rica y fresca, Allí subimos Guillermo y yo. Sobre la cumbre del alto monte, Sobre el ribazo, sobre el peñón, Por entre flores, yerbas ó espinas, Por allí andamos Guillermo y yo. Por donde hay frutas, nidos ó peces, Por donde hay riña, bulla ó fragor, Peligros, juegos ó novedades, Por allí andamos Guillermo y yo. LIBRO SEGUNDO. 106 (S&/ 3{¿>AV/cmJxxA/, Dj\Aáj ttuXAMly U/YV VCL/to; < 51 / ívot dxAyjauvéA/ cU/t ox^vuv jSíAsCü tyvclA/ CjA/O/txV. Tto U/nvcuA/ ¿Jb tcUv yvuIkA/ LIBRO SEGUNDO. 107 EL ÁGUILA Y LA ZORRA. (De Esopo.) Se hicieron amigas nn águila y una zorra, y, á fin de estrechar más los lazos con el trato, acordaron vivir en lugares vecinos. Hizo, pues, el águila su nido en una elevada peña, y la zorra dio alojamiento á sus hijos entre unas matas que al pie de la peña había. Sucedió que un día en que la zorra andaba de caza, los pichones del águila tenían hambre, y ella les llevó nada menos que el mayor de los zorritos. La zorra se indignó cuando lo supo, y no pudiendo vengarse, maldijo á la infiel amiga. No se acordaba ya el águila de este episodio, ni si¬ quiera de la zorra, cuando un día, buscando carne para sus hijos, arrebató una cabra que unos pastores trataban de asar. Pegada á la carne quedó alguna brasa de las que iban á servir para asarla, y mientras los aguiluchos devoraban su comida, sopló el viento en la brasa y se incendió el nido. Medio chamuscados fueron rodando por la peña io8 LIBRO SEGUNDO. abajo los hijos del águila, y la zorra, que vivía al pie, se los fue comiendo muy tranquilamente, á vista del águila misma que se hallaba á gran distancia en el es¬ pacio. Arriba <5 abajo suele haber siempre castigo para los que violan las leyes de la amistad. águila zorra amiga aguiluchos caza infiel peña hambre vengar nido cabra maldecir viento- pastor castigo LA ROSA AMARILLA. Amarilla volvióse La rosa blanca, Por envidia que tuvo De la encarnada. Teman las niñas Convertirse de blancas En amarillas. Hartzenbusch. LIBRO SEGUNDO. ^junque con más pesada Mano mostrando en mi'su desvario La suerte dura, airada Me oprima á su albedrío. Levantare' mi alma á ti' Dios mío. ^ En ti'mi alma repuso De su bien la defensa y desuvidaj No quedare' confuso. |N¡ la gente perdida Se alegrara' soberbia en mi caída. < Porque jamas burlados, L. Los que esperando en ti'permanecieron. Serán ni avergonzados: Confusos siempre fueron Los que sin causa al bueno persiguier Enséname por donde Caminare' donde hay deslizaderos, V el lazo do' se esconde Con piey huellas ligeros. Señor me enseña a'andar por tus senderos^ no LIBRO SEGUNDO. LA NIÑA Y LA OVEJA. (De Ann Taylor.) — Ovejita perezosa, Que en el campo te recreas De la mañana á la noche Comiendo floridas yerbas, ¿ Por qué, trabajando todos, Tú sola holgando te quedas ? — Amita, no me maltrates, Mira bien y considera Que algo trabajamos todos, Aunque en distinta faena. ¿Yes cómo crece en mi cuerpo La lana tupida y buena Con que se hacen los abrigos Como ese que puesto llevas ? Es verdad que me da gusto Pacer margaritas frescas ; Pero en las noches de frío, Cuando sin lana me dejan Para hacer vuestros vestidos, Padezco angustias y penas, Sin pedir á nadie amparo, Sin pronunciar una queja. LIBRO SEGUNDO ni P. Qirardet. LA VUELTA DE LA MONTAÑA. 112 LIBRO SEGUNDO. Por eso te ruego, amita, Que me juzgues en conciencia, Que algo trabajamos todos Aunque en distinta faena. Estudio. El vestido de María está hecho de lana. Las cintas de Elena están hechas de seda. El vestido de Catalina está hecho de algodón. El delantál de Alicia está hecho de hilo. La oveja dió la lana para el vestido de María. El gusano dió la seda para las cintas de Elena. El algodón del traje de Catalina creció en el campo. El hilo para el delantál de Alicia fuá hecho de lino. Animales y plantas nos ayudan á vestirnos. Escríbanse algunos nombres de objetos hechos de algodón. Escríbanse otros nombres de objetos hechos de hilo. ¿ Qué ha visto usted que sea hecho de seda ? Dígale al maestro que le cuente algo sobre la planta del algodón y la flor del lino. LIBRO SEGUNDO. IX 3 Una lámpara qne ardía en una ventana le dijo al sol poniente: — Eres ya viejo, y mi lnz es más viva y brillante qne la tuya. — ¡ Puff! — dijo el viento — y se apagó la lámpara. Su dueña la encendió de nuevo, y enton¬ ces el viento le dijo á la muy vanidosa lám¬ para: — Te dejare alumbrar en paz; peró,no olvides que al sol no puede apagarlo nadie, y al mismo tiempo tampoco necesita que lo enciendan. LIBRO SEGUNDO. 114 LA FRAGUA DEL HERRADOR. He ahí una fragua. Mirad qué fuerte es el herrador. El caballo es un hermoso animal. Ha perdido una herra¬ dura, y el herrador se la repone. Mete el hierro en la fragua, sopla con el fuelle el carbón encendido, y el hierro se pone rojo. Entonces le da forma á martillazos. Da gusto ver las chispas ardientes que salen á los gol¬ pes del martillo. Los niños se deleitan viéndole trabajar, y quisieran ser tan fuertes como él. Cuando deja el martillo, dos o tres niños lo cogen, hacen esfuerzos para levantarlo, y ni siquiera lo pueden mover. Por falta de un clavo se perdió una herradura, Por falta de una herradura se perdió un cabal] a. Por falta de un caballo se perdió un jinete, Por falta de un jinete se perdió una batalla, Y todo por falta de un clavo de herradura. LIBRO SEGUNDO J, F. Herring. EL HERRERO DE LA ALDEA. LIBRO SEGUNDO. EL HERRERO DE LA ALDEA. (De Longfellow.) Bajo un alto nogal, copudo y viejo, Está la pobre fragua de la aldea. Allí trabaja el joven artesano, Herrero y herrador en una pieza, De alta estatura, de robustos hombros, De cuerpo firme y músculos de atleta. Su cabello abundante, negro y rizo En hermoso desorden juguetea Por la frente curtida donde asoman Del honrado sudor líquidas perlas. Gana alegre su pan, ama el trabajo; No fomentó jamás odios ni deudas ; Puede mirar á todos frente á frente Con ánimo tranquilo y faz serena. Semana tras semana, día tras día Su formidable brazo martillea, Como toca el “ adiós” al sol poniente La vibrante campana de la iglesia, Allí los niños, en alegre corro, Al volver á sus casas de la escuela, LIBRO SEGUNDO. 117 Yan á mirar del hierro enrojecido Las relucientes chispas que serpean. Los domingos al templo se dirije, Y entre los niños plácido se sienta. Oye al grave pastor que ora y predica, Y otra voz oye de dulzura llena, La de sn hija, en el cristiano coro Que sn paterno corazón alegra. Aquella voz de timbre delicado Otra voz muy amada le recuerda ; La de su buena madre, que está en gloria. Necesita ¡ oh dolor! pensar en ella... . Brilla luego en sus ojos una lágrima, Que con la mano encallecida seca. De su existencia en el camino avanza Trabajando entre goces y entre penas. Del tiempo los instantes que transcurren Con ruda exactitud calcula y cuenta, Las mañanas por obras comenzadas Y las puestas del sol por obras hechas. ¡ Así sólo al descanso de la noche Con derecho cabal se considera ! ¡ Gracias, gracias á tí, mi buen amigo, Por la lección que das á mi experiencia! n8 LIBRO SEGUNDO. Las fórmulas del bien así se baten En la fragua tenaz de la existencia. Actos y pensamientos, uno á uno Sobre el sonoro yunque se modelan. UNA CARTA INTERESANTE. Portland, Maine, 28 de mayo de 1897. Mis queridos niños y niñas : Sé que les ha gustado “ El herrero de la aldea,” y creo que se alegrarán de tener el retrato del Sr. Longfellow, que compuso para ustedes ese pre¬ cioso poema. Les envío uno muy parecido. Escribo esta carta en la bella población de Portland, cerca del mar. Aquí nació el querido poeta en el año 1807, y aquí jugó cuando niño. Se subía á los árboles, y andaba tras de los pajaritos en el monte de Deering. Yió los barcos de blancas velas en el puerto, y con¬ templó, durante las puestas del sol, los mágicos efectos de luz en la bahía Casco. Según me ha dicho su hermano, Enrique Longfellow fue en LIBRO SEGUNDO. ng sus primeros años un niño ágil, robusto, de buen color, muy alegre y bien querido de todos. Los hermanos Longfellow eran ocho. Estudiaban juntos por la tarde alrededor de la mesa de la sala. Después de aprender sus lecciones, jugaban. He aquí una carta de Enrique á su padre, cuando éste se hallaba en Boston. Por su fecha podréis calcular la edad que tenía entonces el autor. PortlanDj enero de 1814. “Querido papa: Ana quiere una Biblia pequeña, como la “ de Isabel. Si las hay ahí en Boston, nos alegraríamos de que “ se la compraras. “He ido á la escuela toda la semana, y sólo obtuve siete “puntos. Tendré el lunes mi boleta. “ Quisiera que me comprases un tambor. H. W. L.” El profesor les contará mejor que yo la infancia de Long¬ fellow, cómo fué al colegio de Bowdoin, y cómo después fué profesor en el de Harward, en Cambridge, la ciudad de olmos frondosos y de plácidas habitaciones. Residió Longfellow en una casa en la que había vivido Washington algún tiempo. Allí escribió “ El herrero de la aldea,” estudiando el asunto en la misma herrería, ó inspirándose en la honrada y vigorosa labor de su héroe. 120 LIBRO SEGUNDO. Los niños de la escuela de Cambridge regalaron al poeta una silla hecha con madera del nogal de la herrería, y él les dió las gracias en otro poema. Era Longfellow muy amante de los niños, como se observa eñ sus obras, y especialmente en su poema “ La hora de los niños.” Aprendan pronto á leer versos y les llevaré este poema. Su tía que les quiere, Catalina. LIBRO SEGUNDO. 121 liosa Jtionheur. Ti A VIVIENDA DEL LEON. Diga él niño lo que se le ocurra ante este grabado. EL LEÓN Y EL RATÓN. La vivienda del león, rey de las fieras, está en el cora¬ zón de los bosques. Allí duerme con su familia. Los pájaros cantan sobre su cabeza j los ratoncitos juguetean á sus pies. Uno de ellos se metió bajo una de las garras del león 122 LIBRO SEGUNDO. en el momento en que éste se despertaba, y quedo por ella aprisionado. — Compadécete de mí ¡ oh gran león ! — dijo el raton- cillo. — Jugueteaba por aquí sin hacerte daño. Levanta tu pie y déjame libre, .y prometo ser siempre tu amigo. Sonrió el león bondadosamente ante el ofrecimiento del ratoncillo, y dijo, levantando su garra: — Yete en paz. Largo tiempo después, según refiere Esopo, andaba el león por el bosque, y de pronto se sintió cogido por la red de un cazador. En vano trató de salir de aquel enredo de cuerdas, que no le permitía ejercitar la fuerza de sus músculos, y ya se creía perdido cuando oyó de pronto una vocecilla que le decía: — No tengas pena, bondadoso león, que voy á sal¬ varte. Era el ratoncito, á quien había perdonado en otro tiempo, y que había prometido ser su amigo. — I Cómo podrás auxiliarme siendo tan pequeño ? — gimió el león. Pero el ratoncillo diligente había encontrado ya el lazo de cuerda que sostenía el poder de la trampa, y LIBRO SEGUNDO. 123 roía en él con gran empeño. Roto por fin el lazo,se aflojó la red, pudo ejercitar el león sns fuerzas poderosas y se vio libre en un instante. EL CONGRESO DE RATONES, Juntáronse los ratones Para librarse del gato, Y después de un largo rato De disputas y opiniones, Dijeron que acertarían En ponerle un cascabel, Que andando el gato con él Guardarse mejor podrían. 124 LIBRO SEGUNDO. — ¡ Pensamiento agudo, á fe ! — Dijo un ratón literato, Fingiendo cojear de un pie, — ¡ Á ver, cofrades! ¿ quien le Pone el cascabel al gato ? Lope de Yega. Estudio. Fórmense oraciones con las palabras impresas en letra bastardilla. Congreso es una reunión. Los ratones reunidos formaron un plan. Querían librarse del gato. El rey de las fieras andaba por el bosque. Se enredó en la red del cazador. Allí estaba desamparado como un niño solo. El ratoncillo era su amigo. PENSAMIENTOS. Nunca consultes al que tiene la frente lisa, porque es señal de que jamás reflexiona. Pitagoras. LIBRO SEGUNDO. 125 EL BURRO Y LA CIGARRA. H qué canto más delicioso ! —- dijo el burro, al oir chillar á una cigarra. Y tanto se entusiasmaba al oirla que se decidió aprender á cantar con ella. A los primeros solfeos le dijo la maestra: — Tu garganta está echada á perder con esos ásperos bocados que tragas á cada ins¬ tante, y es preciso cambiar de alimentación. — I Que comes tú % — le preguntó el burro. — Me alimento con el rocío de las yerbas — contestó la cigarra. Desde entonces el burro se puso á dieta de ío, y se murió sin haber cambiado de voz. No comprendió el muy necio que no había nacido para cantar. 26 LIBRO SEGUNDO. DOS NIÑITAS. Isabel y Luisa son dos hermanas muy graciosas y buenas. Tiene Isabel seis años, y está, por consiguiente, en edad de asistir á la escuela. Luisa tiene tres años nada más. Cuando Isabel va para la escuela por las mañanas, Luisa se asoma á la ventana y la sigue con la vista hasta que desaparece. Entonces se vuelve hacia su mamá y le pregunta con tristeza: — ¿ Cuándo podre ir á la escuela con Isabel ? Y algunas veces, al hacer esta pregunta, se ven rodar por sus mejillas dos grandes lágrimas. La mamá, enternecida, le ofrece que la dejará ir cuando sea bastante alta y fuerte, dentro de dos ó tres años. — Por ahora — añade — te necesito para que me ayudes á cuidar á tu hermanita menor. ¿ Quién jugaría con ella si no estuvieses aquí? ¿Ves cómo te quiere? La niña se sienta á jugar con su hermanita, y algunos LIBRO SEGUNDO. 127 instantes después nota la madre que 110 se oye la voz de Luisa. Había dejado á la bebé jugando con unos trozos de madera, y se había ido al jardín. La encontró estirando los bracitos para alcanzar las frutas de un árbol. — I Qué haces ahí, niña % — dijo la mamá. — Estoy tratando de crecer, para irme pronto á la es¬ cuela. Becien sembrado el roble Sus hojas tropezaban con la tierra ; Pero de ella se apartan según crece, Y año tras año hacia el azul se acercan. Toma del roble ejemplo, Porque así de los buenos es la vida: Sus frentes al nacer tocan la tierra, Y año tras año al cielo se aproximan. Martínez de la Posa. 128 LIBRO SEGUNDO. LIRIOS. LIBRO SEGUNDO. 29 LAS FLORES. Por donde quiera qne las flores nacen La sonrisa de Dios se siente en ellas. ¡ Qué variedad de formas y de tonos! ¡ Qué divina labor! ¡ Cuánta belleza! En su cáliz, incienso delicado Que anuncia del amor la vida espléndida; En sus hojas, del iris los colores; En su tallo gentil, gracia suprema. Del suelo estrellas son, j el alma mía Se sumerge en nostálgica tristeza, Sólo al considerar cómo sería De los seres humanos la existencia, ¡ -\v • si no hubiese estrellas en el cielo Ni flores en la tierra. c£yCh cLcM2yUNyTl/2dyQy Lqv / JcL' \JY\XaaAa1; c\ aL Pascal. LIBRO SEGUNDO. En los meses de verano se divierten mucho Isabel y Luisa. Las llevan á su casa de campo, muchas millas distante de la ciudad, y situada en una pequeña isla dentro de un lago. Llegan á la isla en un pequeño barco de vapor, que puede verse en el diseño. Desde la orilla van corriendo por entre árboles hasta la casa que es muy agradable. Entran en ella con gran alegría y se recrean viendo los hermosos árboles cargados de frutas que por todas partes la rodean. LIBRO SEGUNDO. 131 Allí pasan los días muy contentas, correteando por el pequeño bosque, jugando con las arenas de la playa y bañándose en el lago. Algunas veces los pececillos lle¬ gan hasta muy cerca de sus pies, y mo¬ viéndose alegremente parecen decirles: “ Estamos contentos de que hayáis ve¬ nido ; jugaremos juntos.” Los pajarillos vuelan por la playa y hu¬ medecen la punta de sus alas en el agua del lago, gri¬ tando al pasar junto á las niñas, como diciendo: — Aquí estamos nosotros también. Las ardillas saltan de mata en mata, se suben á los árboles y dicen “ chuí, chuí,” esto es: “Aquí, aquí está lo bueno.” Un conejito obscuro llega y se sienta ^ cerca del camino. Corren hacia el las niñas, y el se aleja brincando, para mirarlas á mayor distancia. Todos estos habitantes de la isla son otros tantos ami¬ gos con los que se divierten las niñas. ^ Le gustaría á usted estar allí % 132 LIBRO SEGUNDO. Para el Estudio. Formar oraciones en las que entren estas palabras. isla casa correr agua ardilla volar peces conejo jugar pájaros árboles saltar arena frutas nadar Escribir palabras que rimen con las siguientes: hierro él silla grano palo yo plato limón hilo tú pito sombrero UN BUEN MUCHACHO. (De Stevenson.) Me levanto con el sol Y el día paso muy contento. No digo palabras malas, Pero río, corro y juego. LIBRO SEGUNDO. *33 Y cuando el sol tras del monte Hunde su disco de fuego, Me siento alegre y tranquilo, Porque sé que he sido bueno. La cama entonces me espera, A ella me voy limpio y fresco, Y á veces, sin saber como, Antes de rezar nle duermo. Fa sé que al siguiente día El sol brillará de nuevo, Sin que perturben mi mente Las visiones de Un mal sueño. Mas en cuanto la luz nace, Y él cantar alegre siento De los pájaros.... ¡ arriba ! ¡ Vuelta á las risas y al juego ! Copia. CL/I íuS c^mu ti áj hÁxLo' Vuyrix>. 134 LIBRO SEGUNDO. MIS VACACIONES. Con el mes de julio llegan las vacaciones, y en¬ tonces me voy al campo, á la quin¬ ta de mi tio Jor¬ ge. Á él y á mi tía María les gus¬ ta mucho tener¬ me allí. Una vez les oí decir hablando de mí: — ¡ Qué bueno es ver jugar á un niño ! Mi tío me deja ayudarle en sus trabajos, y á veces llevo yo al pasto tres o cuatro vacas juntas. Son muy mansas, y parece que comprenden lo que se les dice. A la más negra le han puesto una campanilla, por andadora. Así, aunque se aleje algo, se sabe siempre dónde está. El sitio donde pacen estas vacas es grande y hermoso. La yerba verde parece de seda cuando le da el sol. LIBRO SEGUNDO. 135 Lo cruza un arroyo con árboles por la orilla, y el agua corriendo en el parece que se ríe. Después de mediodía la yaca negra se mete, hasta las rodillas, en lo más sombrío del arroyo. Le gusta mucho estar allí y comer las flores y yerbas de la orilla. Suele haber frutas sabrosas en los árboles del arroyo, y no faltan nunca pajaritos que cantan. I Te gustaría pasar las vacaciones en el campo ? Dígale usted á su profesor que le cuente algo de los poetas. Los hay en todos los países, y cultivan distintos géneros de poesías. Algunos de ellos tratan asuntos sencillos, y se expresan con tal naturalidad que los comprenden bien los niños. LAS ESPIGAS. La espiga rica en fruto Se inclina á tierra. La que no tiene grano Se empina tiesa. Es en su porte Modesto el hombre sabio Y altivo el zote. Hartzenbusch. i 3 6 LIBRO SEGUNDO. Para Estudio entre Horas. Escribir contestaciones á estas preguntas. 1. ¿ Ha visto usted al¬ guna ardilla ? 2. ¿ Dónde la ha visto usted ? 3. ¿De qué color era ? 4. ¿ Qué hacía ? 5. ¿Qué puede hacer la ardilla ? 6. ¿ Qué come la ar¬ dilla? 7. ¿ Tiene dientes la ardilla ? 8. ¿ Qué sabe usted de ellos ? 9. ¿ Para qué los necesita la ardilla ? 10. ¿ Cómo es la cola de las ardillas ? 11. ¿ Qué tienen en la piel? 12. ¿ Sabe usted algún cuento de la ardilla? LIBRO SEGUNDO. 137 Para el Estudio de Palabras. dientes correr pregunta cola saltar respuesta piel subir duda pelo coger sí uñas comer no LA ARDILLA. Estando Luisa un día paseándose por la orilla del lago, oyo un sonido particular en un árbol vecino que parecía decir “ chip, cliip, chip.” Miró, y vio una ardilla, de color obscuro, en la rama de un árbol. Estaba sentada y tenía entre las patas delanteras una bellota, que trataba de descascarar con los dientes largos y puntiagudos como pequeñas leznas. Su larga cola era tan ancha como su espalda, y gra¬ ciosamente rizada hacia la punta. Algunas veces dejaba de comer un momento, y miraba á Luisa con sus bellos y brillantes ojos. 138 LIBRO SEGUNDO. La niña se sentó, quedando muy quietecita en la arena. Temía que brincase sobre ella y se agarrase de su vestido. — Ardillita, me gusta verte — decía Luisa en voz baja. — ¡ Chip, chip, chip ! — contestaba la ardilla, como di¬ ciendo: “ A mí también me agrada verte.” — ¿Te gustan mucho las bellotas? ¿No sería mejor pan con leche ? La ardilla parecía reirse alegremente, y produjo con más viveza su chip, chip, chip, como celebrando la ino¬ cencia de la niña. En esto se distrajo de tal manera que la bellota se le cayó de entre las garras. Entonces dio un salto muy airosa y ligera, y quedó sentada en otra rama de más arriba, donde abundaban las bellotas, y siguió comiendo. Celebró mucho Luisa aquel salto tan ligero, y recordó que con la misma rapidez había visto á otra ardilla bajar de un árbol el día anterior. No tardó mucho la ligera ardilla en bajar de aquel LIBRO SEGUNDO 139 Sir Edwin Landseer, DOS ARDILLAS Y UN PAJARO 140 LIBRO SEGUNDO. árbol y subir á otros, hasta perderse de vista en el bosque. Aquella tarde, como de costumbre, Luisa se sentó en la falda de su buena madre, para ver la puesta del sol desde la terraza, y le contó lo que había visto hacer á la ardilla; habld con entusiasmo de tan gracioso animalito, y expreso su deseo de traerle á la casa. — Si quieres de veras á la ardilla — dijo la madre — no la aprisiones. Las ardillas gustan de esa vida inquieta y libre, para la que han nacido, y para la cual tienen todo lo que necesitan. Aquí encarcelada se entristecería, acabando (Dibújese.) por perder sus principales gracias. Su vida está en los árboles. En ellos come la fruta, y en sus troncos hace huecos con los dientes para hacer su nido y criar sus hijuelos. — Y i que comerá en el invierno ? ¿ Cómo se defen¬ derá del frío % — dijo la niña. — En el otoño hace gran provisión de bellotas y nue¬ ces, que va almacenando alrededor de su nido, en el hueco de un árbol, y cuando hace frío se arropa con su LIBRO SEGUNDO. 141 magnífica cola, qne es más blanda y lanuda que una manta. Cuando Luisa volvió á ver en el bosque otra ardilla, le dijo: — ¡ Ya se lo bien que te cuidas, y lo bien que te de¬ fiendes del hambre y del frío! BELLAS COSAS. Bella tierra en qne pisamos, Bello sol de disco espléndido, Bellos astros de luz pura, Bella estación del renuevo. Bellos pájaros cantores, Bellas rosas, lirios bellos, Bellas montañas altivas, Bellos arbustos modestos, Bellos árboles copiosos, Bello botón entreabierto, Bellos la mole y el átomo, Bello cnanto Dios ha hecho. PENSAMIENTOS. La voluntad del bienhechor conmueve más que el beneficio. Oharrón. 142 LIBRO SEGUNDO. LA BELLA CREACION. (De John Keble.) Lo gracioso, lo bonito, Lo excelente, lo brillante, Lo pequeño y lo gigante Son obra de Dios bendito. La flor que muestra sus galas, El ave de vuelo altivo, De Él recibe el color vivo Y de Él recibe las alas. Las montañas que el sol dora, La eterna fluvial corriente, i/ Las galas del sol naciente, La luz que el cielo colora, Las plantas, el monte, el llano, El ambiente, la criatura, Todo es de Su gracia hechura, Todo es obra de Su mano. Ojos nos dió para ver Y voz para pregonar Su sabiduría sin par Y Su infinito poder. LIBRO SEGUNDO. 143 Estudíese en voz baja. LOS DOS PERROS Tenía un señor dos perros, uno destinado á la caza y el otro á guardar la casa. El primero volvía por las tardes muy fatigado y con caza abundante, que se comían juntamente los dos. — Esto es injusto — dijo un día el perro cazador. — l Por qué tú, que estás aquí siempre quieto, te lias de alimentar á costa mía ? — Tienes razón — dijo el otro — pero acusa de ello al amo, que en vez de enseñarme á trabajar me enseñó á vivir del trabajo ajeno. Apréndase bien la diferencia de pronunciación y sentido de estas palabras . caza cazo corro ciervo casa caso coro sierbo vota bota maza masa cebo sebo ciego siego 144 LIBRO SEGUNDO liosa Bonheur. EL CIERVO. LIBRO SEGUNDO. *45 EL CIERVO EN LA FUENTE. Un ciervo se miraba En una hermosa cristalina fuente : Placentero admiraba Los enramados cuernos de su frente; Pero al ver sus delgadas largas piernas, Al alto cielo daba quejas tiernas. — ¡ Oh, dioses ! ¿ á qué intento Á esta fábrica hermosa de cabeza Construís su cimiento, Sin guardar proporción en la belleza ? ¡ Oh, qué pesar ! ¡ Oh, qué dolor profundo! ¡ No haber gloria completa en este mundo! Hablando de esta suerte El ciervo, vió venir un lebrel fiero. Por evitar su muerte Parte al espeso bosque muy ligero ; Pero el cuerno retarda su salida Con una y otra rama entretejida. Mas libre del apuro Á duras penas, dijo con espanto : — Si me veo seguro, Pese á mis cuernos, fué por correr tanto. ¡ Lleve el diablo lo hermoso de mis cuernos, Y haga mis feos pies el cielo eternos ! 146 LIBRO SEGUNDO. Las manos venerad recias y obscuras De las gentes que habitan en los campos. Ellas conducen al hogar las vacas Al través de las selvas y los pastos. Ellas colectan la dorada espiga Que el pan produce, nutritivo y blanco, Y el fruto de la vid que nos da el vino, Y el café de perfume delicado. MANOS ÁSPERAS. (De Krout.) LIBRO SEGUNDO. 147 Sobre el fecundo seno de la tierra Que recoge el sudor del rostro honrado, El fruto cultivando que nos nutre, Alto ejemplo nos dan con su trabajo. Del hombre allí se fortalece el cuerpo Y se templa el espíritu. El Estado Recluta allí guerreros valerosos, Jueces, artistas, profesores, sabios. Que espada, pluma, cítara y paleta Lucen también en las obscuras manos Que tuesta el sol en la feraz campiña, Y encallece y deforma el rudo arado. Para el Estudio de “ Manos Ásperas.” t “Dorada espiga” es la espiga de trigo madura, que adquiere un color amarillo brillante. “ El fruto de la vid ” son las uvas. La mayor parte de los alimentos del hombre los produce la tierra y los cultiva y cosecha el agricultor. Muchos grandes hombres han sido agricultores en su juventud. 148 LIBRO SEGUNDO. EL PASTOR DE CABRAS. Un muchacho de poca paciencia y genio brusco se dedicó á cuidar cabras. Dejó un día las cabras solas por entretenerse jugando, y cuando volvió adonde estaban notó que le faltaba una. Tomó entonces la corneta con que solía llamarlas, y como la extravia¬ da no acudía, se llenó de cólera, fue en busca de ella y empezó á tirarle pedradas. Una de las piedras dio en un cuerno de la cabra y lo rompió. Asustado el pastor,dijo á la cabra: — No le digas al amo lo que hice, fue sin intención. — De todos modos lo sabrá el amo por mi cuerno. Las malas acciones no tienen arreglo. extraviada cólera pedrada corneta LIBRO SEGUNDO. 149 EL HOMBRE Y LOS ÁRBOLES. (De Fedro.) Hizo un hombre un hacha, y les pidió a los árboles madera fuerte para hacer un mango. Acordaron ellos que el abeto faci¬ litase una" de sus ramas con aquel objeto. En cuanto el hacha estuvo pro¬ vista de su mango empezó el hombre á cortar leña de los mis¬ mos árboles que le habían he¬ cho tanto bien, y en muy poco tiempo quedó el bosque com¬ pletamente destruido. Contemplando la matanza Desde nn collado vecino, Dijo un roble : “No es prudente Dar armas al enemigo.” 150 LIBRO SEGUNDO. EL CARBONERO, Quemando la leña con cuidado en hornos donde no entre mucho aire, el carbonero convierte la leña en car¬ bón, y gana de este modo lo necesario para mantenerse, Pero su vecindad es ocasionada á tiznes. El carbonero le propuso una vez al lavandero hacer sociedad y vivir juntos para hacer economías. — Nada adelantaremos — dijo el lavandero — pues lo que yo blanqueara, lavando, se mancharía otra vez con la proximidad del carbón. LIBRO SEGUNDO. 151 EL LOBO Y LA CIGÜEÑA. Sin duda alguna que se hubiera ahogado Un lobo con un hueso atragantado, Si á la sazón no pasa una cigüeña. El paciente la ve y hácele seña ; Llega, y ejecutiva Con su pico, jeringa primitiva, Cual diestro cirujano Hizo la operación y quedó sano. Su salario pedía; Pero el ingrato lobo respondía : — ¿Tu salario ? ¿Pues qué iñás recompensa Que el no haberte causado alguna ofensa, Y dejarte vivir, para que cuentes Que pusiste tu vida entre mis dientes ? Marchó, por evitar una desdicha, Sin decir tus ni mus la susodicha. Samaniego. Estudio. El lobo es una fiera que se alimenta de otros animales. La cigüeña es nn ave de largas patas y de pico largo y aguzado. 152 LIBRO SEGUNDO TRABAJADOR NOBLE, Rosa Runheur. LIBRO SEGUNDO. 153 UN FIEL AMIGO. El caballo es uno de los animales más nobles y más fieles amigos del hombre. Véase en el grabado qué cabeza más expresiva y bon¬ dadosa, qué ojos más limpios y serenos. La historia está llena de casos en que estos animales han salvado la vida de sus amos. Conozco á un niño de ocho años á quien ocurrió hace poco un caso semejante. Fué enviado por su padre á una población que distaba algunas millas de su casa. El niño sabía montar bien á caballo. El padre le dio para el viaje un caballo de su confianza llamado Fiel. Llegó temprano el niño á la población adonde iba, cumplió el encargo de su padre y emprendió el viaje de vuelta. De pronto se fué llenando el cielo de nubes pardas, y el viento empezó á soplar con fuerza. No tardó media hora en desencadenarse una tormenta 154 LIBRO SEGUNDO. que aturdió al pequeño viajero y le impidió reconocer el camino por donde iba. La violencia del viento le ponía en peligro de ser arre¬ batado de la silla. El sitio por donde iba era despoblado, y no había es¬ peranza de auxilio. — I Que haré ? — dijo asustado el niño. Dio voces, pidió socorro y nadie acudió á favorecerle. Recordó entonces que su padre solía decir: “ Cuando un jinete se encuentra en un paso peligroso, hará bien en dejar que el caballo se guíe., por su propio instinto.” Pensando en esto, soltó las riendas, se abrazó al cuello de Fiel y le dijo sollozando: — ¡ Sálvame, mi viejo amigo, y llévame á casa! El caballo resopló, enderezó las orejas, inclinó algo la cabeza para reconocer el camino y alargó el paso. Pare¬ cía haber comprendido las palabras del pequeño jinete. Algún tiempo después, y cuando aún no había cesado la tormenta, llegaba el caballo con su preciosa carga á la casa del amo, siendo aclamado y agasajado por la, afligida familia. LIBRO SEGUNDO. 155 EL FILÓSOFO Y EL BUHO. Por decir sin temor la verdad pura Un filósofo echado de su asilo, De ciudad en ciudad andaba errante Detestado de todos y proscripto. Un día que sus desgracias lamentaba, Un buho vió pasar, que perseguido Iba de muchas aves que gritaban : “Ese es un gran malvado, es un impío, Su maldad es preciso castigarla ; Picadle todos, desplumadle vivo.”— Esto decían, y todos le picaban ; En vano el pobre pájaro afligido, Con muy buenas razones procuraba De su pésimo intento disuadirlos. Entonces nuestro sabio, que ya estaba Del pájaro infeliz compadecido, Á la tropa enemiga puso en fuga Y al buho preguntó : — Dígame, amigo, ¿Por qué motivo destrozarle quiere Esta bárbara tropa de enemigos ? — — Nada les hice — el ave le responde — El ver claro de noche es mi delito. José María Heredia. LIBRO SEGUNDO. 156 DÉCIMA, Admiróse un portugués De ver que en su tierna infancia Todos los niños de Francia Supiesen hablar francés. — Arte diabólica es, (dijo torciendo el mostacho) Que para hablar en gabacho Un fidalgo en Portugal Llega á viejo y lo hace mal, Y aquí lo parla un muchacho. Moratín (padre). EN LA TUMBA DE UN BUEN HOMBRE. Era el deber su consigna, Era el trabajo su lema, Era la patria su culto Y era el honor su bandera. Ricardo Palma. Buscar palabras que rimen con las siguientes: clavel mano leal sol violeta silla valiente luna brillo raso sabio nube cielo dedo cruz gota LIBRO SEGUNDO. 157 Palabras para Ejercicios de Deletreo. una vaca dos perro tres gato cuatro ardilla cinco ratón seis tortuga siete pollo ocho pato nueve pavo diez águila once ruiseñor doce caballo trece león catorce papel quince . pluma diente tinta pelo espada boca hacha nariz arena lengua nuez rana mío mosca tuyo mano suyo dedo ir cara venir piedra subir agua bajar sol volver cielo flor blanco hoja negro fruta rojo planta alto agua bajo nube grande nido chico rama largo grano ancho pico bueno garra malo nuca 1. Úsense palabras de estas en oraciones. 2. Pronuncíense estas palabras rápidamente y con claridad. *58 LIBRO SEGUNDO. PENSAMIENTOS. Crece en la selva espesa Flor escondida y sola, En verde cáliz presa La virginal corola; Su cárcel de esmeralda Al fin rompe el botón, Y hace la flor guirnalda De las paredes de su prisión. Con noble resistencia, Un día y otro día, Sufriendo la violencia De inicua tiranía, El mártir que blasona De fuerte corazón, Hace también corona De las cadenas de su prisión. García Gutiérrez. Hay dos cosas en el mundo Que el menor contacto mancha : La frescura de las flores Y la inocencia del alma. Nuñez de Arce. LIBRO SEGUNDO. 159 Palabras para Rimar. panal palo color casa betún calle papel silla misal mesa fiel lleno civil vivo talón sano sutil bello altar fuerte pez doble luz fino Usar estas palabra, niño cabrito pájaro lana río oveja huerto rosa roble lirio casa azucena hoja lluvia botón rocío brillante decente sabroso sabio bonito listo derecho brillar grato correr pulido venir dulce bajar salado techo agradable muro ligero clavo frío cinta general bien s en sentencias. león monte lobo oro perro fuego caballo brasa gato carbón arroyo águila peces hilo agua seda LIBRO SEGUNDO. 160 QXLc iÍkÍxv. CL Clv 8I> (dcL RtR i) [y 2,1 mi TLtV Cío R/l/ AAy ll/U/ 17 O Ce CR cR 3t- JCB iTl/Tn/ TLtl/ jS&y 3t 'UO DO * JAN 21 Í900 * ' . . ’ *